Revolución fallida


Hace años discutía con un tío, muy querido, sobre la revolución, la conversación fue cuando el candidato de la oposición era Rosales. Mi tío defendía a Chávez diciendo que tenía muy buenas intenciones e ideas pero que el problema era que no lo dejaban gobernar, esa era la razón por la que no avanzábamos, yo le decía que eso no importaba, que si un gobernante no era capaz de hacer lo que tenía que hacer, que si no lo había logrado (o no lo habían dejado) en 7 años, no lo iba a poder hacer nunca y que era mejor dar oportunidad a que otros lo intentarán.

El caso es que 11 años después sigo pensando lo mismo, no sé qué pensará mi tío, pero para mí la revolución, si es que realmente la hubo, fracasó, no lo logró, murió.

Fue un punto de inflexión, sí, logró algunas cosas importantes, sí, pero el saldo que deja, el balance luego de 18 años opaca cualquier cosa positiva que pueda tener, y lo peor de todo es que la revolución no asume ninguna responsabilidad en sus errores y pretende seguir por siempre y para siempre, porque ellos son los únicos dignos de sacar al país adelante (aunque no lo hagan).

Un gobierno que en 18 años no pudo controlar la inflación, que ahora ronda el 700% anual, no merece otra oportunidad. Un gobierno que en 18 años no logró superar la dependencia del petróleo (y ahora eso le pasa factura) no merece otra oportunidad. Un gobierno que recibió el dólar en 500 Bs. y que ahora lo tiene en 5 millones (sí, 5 millones, millones!) No merece otra oportunidad.

Con 18 años en el poder y que las cárceles sigan siendo gobernadas por bandas armadas, que mandan adentro y afuera, que cuadran extorsiones, secuestros y pagos de vacuna, no merece otra oportunidad​.

Un gobierno que se burla de compatriotas opositores que tienen que resguardarse en el Guaire (río de aguas negras que atraviesa Caracas), diciendoles mierda. Una policía y guardia nacional que reprime y ataca ferozmente a las manifestaciones, pero que cuando los mercenarios sale a atacar a las urbanizaciones y a saquear no hacen nada, que se ríe o ignora la desproporción con la que son reprimidas manifestaciones, no merece llamarse de todos, no merece otra oportunidad.

Un gobierno que hizo visible a los pobres, los reconoció y consideró, los atendió, pero nunca los dejó salir de la pobreza, porque nunca le interesó, que jugó y juega con el hambre y la necesidad y la usa a su favor, que manipula y miente descaradamente, no merece otra oportunidad.

Un gobierno que pelea con el imperio pero tiene a sus hijos viviendo allá. Que se llena la boca hablando de soberanía y de independencia pero nada de lo que consume lo produce. Donde la gente se muere en los hospitales porque no hay equipos o medicinas, donde la educación es gratis pero es mediocre y sin recursos. En dónde el hampa y la inseguridad matan a gente a cada minuto y a nadie le importa porque la impunidad es la norma. Donde la corrupción está en todos lados, convive en todo nivel, desde el portero del Saime hasta el ministro y no pasa nada.

Y es que es tan verdad, que aunque no sé qué opine mi tío de esto que escribo, de lo que sí estoy seguro es de que él tampoco está conforme con nuestra realidad, aunque probablemente siga pensando que no es culpa del gobierno.

En todo caso, una revolución que no cambió nada, sino que empeoró lo malo que había y lo bueno lo aniquiló, es una revolución fallida, y no merece otra oportunidad.

Anuncios

El 12 de octubre (para no entrar en detalles)


La pelea entre los que ven el vaso medio lleno y los que lo ven medio vacío, la gente no siempre se da cuenta de que son pequeñas decisiones que se toman durante el día, son pequeñas o grandes frases, simples palabras sueltas o ideas profundas y concretas que nos ponen de un lado o del otro: el positivo y el negativo. La luz y la sombra. Dejarse arrastrar por la sombra es lo más fácil porque es eso: dejarse llevar, no asumir responsabilidades y dejar en otros las culpas de nuestro destino, nuestro pasado y nuestro futuro, nos declaramos testigos y víctimas. Cuestionamos a todos y a todo sin sentirnos participantes, corresponsables y protagonistas.

El 12 de octubre es un perfecto ejemplo de esto, porque siempre ha existido el debate de si hay o no algo que conmemorar (para no decir celebrar). Que si el descubrimiento de América (?) Que si el encuentro de dos mundos. Que si el mayor genocidio de la humanidad (?). Y bueno, es verdad, cuando llegó Colón a América trajeron con ellos su cultura, su religión, sus miedos, sus miserias y sus prejuicios, y los de aquí que eran indefensos fueron los que llevaron la peor parte, fueron subyugados, humillados, vejados y asesinados, todo eso es cierto. Pero me parece una pendejada eso de que cada 12 de octubre nos la pasemos en la misma cantaleta de que el imperio español nos jodió la vida, de que eran malos, que nos pusieron ropa, nos violaron, que nos robaron el futuro, pero ya pues, yo no me puedo pasar toda mi vida quejándome de que mi mamá en quinto grado me cambió de colegio y me quedé sin amigos en mi último año de básica. Si la historia sirve para algo, es para aprender de nuestros errores y no volverlos a cometer, punto.

Si te pones a ver y miras las cosas desde otra perspectiva también es verdad que lo que hoy somos es gracias a esa historia (la de los americanos y la mía), que no es ni buena ni mala, simplemente “es”. Al final del día quizá uno termine siendo más europeo que americano (genéticamente hablando) y eso no es ni mejor ni peor. Qué es mejor, celebrar nuestra diversidad y presente, abrazarlos,  aplaudirlos y avanzar a partir de ellos? O seguir apuntando, culpando, acusando?

La historia, como el vaso, es la misma, todo depende de lo que decidas ver, cómo interpretarlo y qué hacer frente a ello. Así que dejemos el drama y feliz 12 de octubre, para no entrar en detalles…

El problema con los ídolos


Yo tenía como 12 cuando Michael Jackson acababa de sacar el disco Dangerous, estaba en su cúspide, vídeos con el chamín de “Mi pobre Angelito”, Michael Jordan, Magic Jhonson, Naomi Campbell, era el papá de los helados, había planeado una gira y le tocaba pasar por Venezuela, un tío me había regalado la entrada y un vecino me iba a llevar al estacionamiento del Poliedro a verlo, faltaba una semana, y bueno, el mismo tío que me compró la entrada me trajo la portada de “El Mundo”, donde decía no solo que el pana tenía un problema de adicciones a medicamentos, sino que suspendía su gira, no vendría, se acabó.

El primero de mayo del 94 vi, en vivo, la muerte de Ayrton Senna, uno de los mejores pilotos de Forma Uno de la historia, un tipo ejemplar, en muchos sentidos. Otro ídolo se derrumbaba.

Por esa época también estuvo de moda el tema de Maradona, con su droga y su peleadera con el mundo, en el Mundial de USA 94, lo vi anotar un gol y gritarle a la cámara como queriendo demostrar que seguía siendo “D10s”, sentí que se redimía y lo justifiqué: pobrecito, le tienen envidia, el mundo no lo entiende, él es bueno, solo es una víctima. A la semana lo suspendieron del Mundial por dopaje, otra vez el mismo cuento, otro ídolo que rodó.

La caída de esos grandes me hizo entender lo insensato que resulta tener un ídolo, endiosar a alguien hasta el punto de creer y esperar que sea perfecto en todos los ámbitos, y sentir la necesidad de disculparlo, justificarlo y alcahuetearlo, no tiene sentido, como que si eso dijera algo de nosotros, nos definiera. Al final esa persona es alguien más y no es nada de uno, nada, el mundo sigue andando, estén o no estén, sigues siendo el mismo, por más que quieras hacértelo creer, ellos no forman parte de tu vida.

Desde hace tiempo escucho todos los días en las redes sociales una discusión (pendeja) sobre quién es mejor jugador de fútbol: Messi o Ronaldo, en la cancha podría ser relativamente sencillo de identificar, se hace un análisis más o menos objetivo, pero el tema va más allá del deporte, que si uno se casó con la novia del barrio, que si el otro adoptó a un niño huérfano, que si uno es novelero en la cancha y que el otro evade impuestos y por lo tanto criminal. No le veo ningún sentido y no entiendo qué necesidad tiene la gente de defender y justificar la acciones que haga alguien y compararlo con otro, ¿acaso eso te hace mejor persona a ti?, no creo. Es cierto que en el deportista exitoso de alguna manera siente el peso y la responsabilidad de ser un ejemplo, no solamente dentro la cancha sino fuera de ella pero eso es algo muy distinto a ser un ídolo, los ídolos no deberían existir, porque no son reales.

Finalmente están los políticos, que quizá podrían ser quiénes deberían tener un mayor nivel de integridad ya que desde el punto de vista social ellos son los que, de alguna manera, deberían representar lo mejor de la sociedad, nos deberían orientar  o guiar en cierta forma, cumplir con algunas características de probidad, pero hasta ahí, un líder no debe ser un ídolo y mucho menos los políticos, más bien ellos son servidores públicos, están al servicio de la gente, no para servirse de ellos.

No puedes definirte en función de las cualidades de otro, cada uno de nosotros tiene suficiente como para sentirse orgulloso, brillar con su propia luz y no menospreciarse queriendo ser el reflejo de alguien más, porque  el problema de los ídolos es que son de mentira y tú eres de verdad.

Perdiendo el tiempo


tiempo-800x500_c.png

Son las 10 de la noche, después de un día de trabajo me encuentro sentado frente al televisor, dando vueltas en más de 200 canales y no encuentro nada que ver, tomo el celular y me pongo a ver el Facebook, se me van 20 minutos viendo noticias en páginas de medios serios, veo en CNN noticias de Pokemon Go, el perrito de España que se lanzó al vacío por el calor, un perro peleando con cobras, en medios nacionales miro las teorías (y opiniones) sobre la muerte del hermano de Chavez,  en la BBC noticias sobre Kim Kardashian, en CNN (en inglés) el vídeo d la pelea entre dos ratas gigantes, en el Nacional veo la noticia de dos ladrones que degollaron a un vendedor de oro, y finalmente en la página de RT veo la noticia del “Dramático instante en el un hombre salta a las vías de un tren para suicidarse” y la noticia del estado de salud del bebé de 4 años que fuma, en Indonesia.

Y eso que yo hago mis mayores esfuerzos, por el filtrar bien el contenido que veo, haciendo listas en Twitter y escogiendo muy bien las cuentas que sigo en Facebook, no uso Snapchat, todavía hago crucigramas, pero parece que esa vorágine que desespera por generar contenido (inútil), acumular “clics” por hacerlo sin prestar atención a la calidad, puede hacer que nos perdamos y perdamos el tiempo, nuestro valioso tiempo.

El mundo ha cambiado y las realidades digitales, donde las redes sociales son los nuevos medios tiene muchas cosas buenas, están llenos de oportunidades, nuevas y maravillosas, pero no hay que dejarse empañar ni dejarse llevar por esa necesidad de estar n todo y leerlo todo y te reproducir y compartirlo todo, que no estamos compitiendo con nadie, la vida es afuera,  hay que tomar decisiones cada segundo y todas importan. No sigamos perdiendo el tiempo.

El referendum y su poder en democracia


image

Gran Bretaña decidió el 23/06/2016 en un referéndum que no quería seguir dentro de la Unión Europea, cuando el mundo habla de integrarse, de desarrollar los conceptos de “comunidad”, compartir, de derribar fronteras, en fin, luego de 43 años dentro de la comunidad decidieron salirse, entre otras cosas las razones de los pro “Brexit” (BRiatin EXIT) estaban que ellos sentían que los demás países los chuleaban, que ellos daba más de lo que recibían, y que eso del libre tránsito dentro de Europa no les gustaba mucho cuando los demás podían entrar en su patio, a quitarle sus trabajos y sus oportunidades, el nacionalismo pues.
Pero bueno, yo no voy a ponerme a disertar sobre las razones o argumentos para seguir o  de la UE, tampoco sé lo que va a pasar ahora que hasta ellos mismos parece que se están sorprendidos por el resultado, es un tema que da para largo, pero no es de lo que quiero hablar.
Yo realmente quería hablar sobre su comportamiento político como sociedad, desde el punto de vista de las instituciones y el respeto a la opinión de las mayorías. Este señor: David Cameron es el primer ministro del Reino Unido y en el 2015, luego de bastante ruido y presiones para salir de la Unión Europea, decidió hacer un referendum, no esperó a que los otros recogieran las firmas del 1% del  padrón electoral, para luego filtrarlas y después mandar a que la gente las validara para luego volverlas a chequear y después mandar a recoger firmas, ahora del 20% del padrón, no, el pana sabía que había que darle oportunidad a la gente de expresarse y lo hizo, sin hacerse el loco, sin rodeos, sin tacharlos de enemigos, ni apátridas ni nada.  Es más, muchos decían que eso era cuchillo para su garganta,  y bueno, así fue, lo que pasó después, todavía lo están asimilando: la opción de salirse de la Unión Europea ganó y aunque el resultado no es vinculante (referendum consultivo) lo más probable es que lo hagan.
El primer ministro renuncia a su cargo y esto es lo interesante: en el discurso dice muy claramente que no está de acuerdo con retirarse, pero que respeta profundamente el ejercicio democrático y la decision de la mayoría es ley. Podría haber desobedecido el resultado, ofender a los ganadores, tildarlos de ignorantes, separatistas, egoístas, engañados, etc. No se atrevió a cuestionar a la mayoría, de explicarles lo equivocados que están y que tienen que hacer lo que el dice, porque él es el líder. Esto último es interesante, el líder está al servicio del pueblo, no al revés, no es él quién dice lo que hacer.  Finalmente cierra diciendo que considera que el pueblo de Gran Bretaña necesita a una persona que los lleve y acompañe por el camino que han decidido recorrer y que él sabe que él no es esa persona.

Es muy difícil no hacer comparaciones…

Vive y deja vivir…


image

En octubre se llevó a cabo la carrera “Caracas Rock 2015”, como 25 mil personas corrimos 10K por las calles de la ciudad, es una de las carreras más importantes del año, no sólo porque corre tanta gente, sino por el trabajo logístico que implica, desde ese mismo día en Twitter y Facebook vi muchos comentarios despectivos sobre las personas que participaron en ella. Luego, hace un par de días Venezuela le ganó a Uruguay y se clasificó a la siguiente ronda de la Copa América, yo pensaría que todo el país estaría feliz, contento, alegre y celebraría la victoria como lo que es: una esperanza, una muestra de que podemos hacer cosas bien, de que hay talento, pasión y amor por nuestra patria.
Pues me equivoqué, nuevamente comencé a leer críticas, juicios y descalificativos, porque no es posible celebrar nada si no hay comida, no hay nada qué celebrar cuando Leopoldo está preso, que mientras la vinotinto ganaba había gente muriendo de hambre, por falta de medicinas, por una bala perdida, de mengua, que muchos venezolanos estaban haciendo maletas para irse a probar suerte en otro país… Eso siempre ocurre cuando hay algún evento deportivo o celebración especial, que a veces sirva como paréntesis oxigenante en este caótico día a día que vivimos en Venezuela, esa criticadera compulsa me parece egoísta, arrogante y bastante triste. Me da la impresión de que esas personas han perdido y se han dejado envenenar por el odio, se han dejado llenar por un resentimiento intestino, irracional, gente que desarrolló una capacidad impresionante de encontrarle el aspecto negativo a todo, es esa gente que se queja cada mañana, bien sea porque el sol está muy caliente o porque no se asoma.
Yo siempre hago el mayor esfuerzo por respetar y aceptar las opiniones de los demás, porque cada quien hace lo que mejor le parece, yo me imagino que esas personas no irán a fiestas de cumpleaños, ni celebrarán el suyo, ni navidad, ni vacaciones, ni playa, ni nada.
Pero yo no, yo no me pienso dejar vencer por el desánimo, no pienso dejar de celebrar la vida, de alegrarme con las pequeñas cosas, me niego a dejar de ser feliz, de buscar los bueno en lo malo, siempre hay algo por qué lamentarse, pero también siempre hay algo que
celebrar y yo prefiero eso. Sí, prefiero hablar de lo bien que le va a la vinotinto que del miedo que sentí hace un par de semanas cuando no encontraba las vacunas para mi hija, por ejemplo, elijo y eligiré siempre la alegría que el lamento. Prefiero ocuparme en ser honesto y tratar de ser un buen ejemplo, luchar por lo que quiero y regalarle sonrisas a los míos.
Quizás estoy equivocado, pero no me importa, porque es que yo no estoy interesado en tener la razón, yo quiero ser feliz.

Yo creía


Yo creía que la felicidad estaba en los pequeños detalles, que la vida era una aventura en la que podías ser testigo o protagonista, yo pensaba que la alegría estaba en la capacidad de reírse de uno mismo y que la ternura era una tontería.
Quizá la vida era eso, una acumulación de momentos y chispas de felicidad que destellaban en mi historia, 34 años buenos, muy buenos para ser honesto.
Una vida en la que las mayores sensaciones de éxito y alegría se habían plasmado en dos o tres momentos: cuando recibí el título universitario, cuando mi negra y yo emprendimos la aventura de formar un nuevo hogar, y cuando después de cuatro días caminando logré alcanzar la cima del  Roraima.
Yo creía…
Hasta el día que que supe de ti, en ese preciso instante entendí que todo lo que había vivido era un prólogo, un preámbulo.
Descubrí el sonido más hermoso que jamás había escuchado: era el latido de tu corazón. Aprendí finalmente que la felicidad está en tu mirada, que la esperanza está en tus suspiros, descubrí la emoción más grande de mi vida en el momento en que te vi por primera vez, supe que la dulzura está en tu olor, que mi vida está en tu aliento, que el contacto con tu piel es la ternura del universo. Conocí el amor y mi vida comenzó.

image

Paranoia “social”


Yo vivo en Venezuela, la misma Venezuela en la que estamos todos, vivo a menos de dos kilómetros del cajero en el que un tipo encubierto del CICPC mató a un choro que intentaba robarlo, asesinato del que todos fuimos testigos gracias al video que corrió por las redes sociales. También vivo como a 3 kilómetros de la parada donde lincharon a un muchachito que estaba robando en un bus, en el Metrópolis, el video mostraba a un casi-niño convulsionando en el piso, mientras la gente miraba, de vez en cuando uno que otro le daba una patada en la cara “para que aprenda”, supongo. También vi hace un tiempo cómo unos tipos mataron a machetazos a otros por un robo de una moto y, más recientemente, vi completico como el bus atropelló a unos policías en el Tachira. Todo lo vi sin querer, es decir sin andarlo buscando.
No entiendo el afán de la gente en reenviar y publicar ese tipo de noticias, por el contrario, me preocupa porque yo conozco muchos niños con Facebook y Twitter, y si yo me aturdo con esas publicaciones, no quiero imaginarme lo que le pasaría por la cabecita a un niño de 10 años al ver que que algún familiar publique un video en que linchan a un malandro y no solo lo aplauda sino que lo conviertan en una suerte de declaración de guerra.
Recibo y miro tweets, mensajes de whatsapp o mensajes en el facebook con supuestas noticias que pareciera que la gente ni de preocupa por analizar, sólo reenvían o publican, como autómatas.

A veces veo alguna publicación en la que la gente hace catarsis, por lo general contra el gobierno, malandros o contra los bachaqueros y me pregunto si esa gente se ha puesto a pensar cómo explicarle a su hijo ese arranque de ira. Es verdad que cada quien puede publicar lo que quiera, pero ¿realmente son conscientes de lo que están haciendo y del impacto que eso tiene?
Hay muchas maneras, más efectivas y constructivas de drenar la molestia, tristeza e indignación que ponerse a pegar gritos, eso no resuelve los problemas, y eso es lo que realmente necesitamos hacer con nuestros problemas: resolverlos no quejarnos, revolcarnos…
A quienes lo hacen les digo que sigan haciendo lo que les de le gana en sus muros o con sus de Facebook o whatsapp. Pero espero que esto los haga pensarlo un poquito más. Yo me seguiré encargando de regañarlos cada vez que lo hagan.

 

Sí se pudo


image

Sí se pudo, y no estoy hablando de que la oposición haya logrado duplicar en diputados al gobierno, que sí lo hizo, me refiero a que se demostró que la mayoría, la gran mayoría del país, quiere avanzar y seguir construyendo una mejor patria, entre todos, juntos. Las tendencias son lo de menos, hoy la asamblea es de centro derecha, ayer fue de izquierda, antes de ayer de derecha, pero es el mismo país, el pueblo que hace 5 años votó mayoritariamente por el oficialismo, hoy ha nombrado una asamblea distinta, es el mismo país, es el mismo pueblo que votó. Más allá de la anécdota del discurso del orador con la lengua pesada, más allá de lo sabroso que pudo haber sido ver al verdugo pidiendo clemencia, más allá de los discursos llenos aún de odio y de soberbia prepotente, del revanchismo o del ánimo de venganza de algunos protagonistas insignes, se logró y contra todo pronóstico (amenazas, colectivos, llamados a manifestaciones) poner frente a frente a dos realidades del país que no se reconocían, se ha logrado que, aun con sus múltiples diferencias, acepten incluso a regañadientes, la existencia de un país al que no le hablaban, el que no existía, el que era el enemigo, el que era menos que nada. El día de hoy no es histórico por el hecho de que la Asamblea Nacional haya dejado de ser “roja rojita”, este día es historia porque no hubo patadas a la mesa y se demostró que sí es posible mirarse a la cara y sentarse a trabajar juntos por el bien de todos.

Hoy se demostró que nada es para siempre, que no hay verdades absolutas y que quién esté en el poder deberá entender, tarde o temprano, que el poder es transitorio, es circunstancial y que todo lo que sube, baja.

Esta es una oportunidad de oro que el país le ha dado a los políticos, el poder absoluto atrofia, hace falta siempre el balance, el equilibrio, el cuestionamiento y esta Asamblea Nacional tiene que hacer el contrapeso natural que necesita, no el chavismo, sino el Estado en su totalidad, este Estado y cualquier otro, no podemos seguir cobrando y dándonos el vuelto. Ojalá entendamos que aun en las diferencias necesariamente tenemos que ponernos de acuerdo para evolucionar, siento que, como dice un amigo: cada vez falta menos…

No necesitamos héroes…


“We don’t need another hero” es una canción que cumple 30 años en el 2015, formó parte de la banda sonora de la película Mad Max, la original. Tengo lo que va de tarde con la canción en mi mente, no sé  por qué.
Lleno esta nota mientras hago la cola en el supermercado, están vendiendo jabón para lavar ropa y leche líquida, pero no puedo comprar ninguna de las dos cosas porque mi número de cédula termina en 8 y por eso me toca comprarlos los viernes. Leo una nota que dice que no hay bolsas para productos regulados. Una señora está armando un escándalo porque su hija necesita leche y no puede comprarla (imagino que el terminal de su cédula no es el que toca hoy).
En todas las colas que se hacen hay personas que se quejan y se quejan, esta vez me tocó un par de doñas que concluyen que en Venezuela necesitamos un héroe, alguien que venga y le ponga un “parao” a esta locura, sí, que mande a los rojos a la cárcel y ponga orden, pero alguien que no sea de la oposición porque ellos son malos también.
Yo por mi parte concluyo lo contrario: No necesitamos otro héroe (como la canción), no necesitamos que alguien venga a resolver por nosotros, no necesitamos un vengador, no necesitamos que nos indiquen el camino, que alguien venga… no, no es eso lo que necesitamos. Lo que necesitamos es desechar el lamento, necesitamos dejar de esperar y preguntarnos si somos parte del problema o de la solución, si somos víctimas o protagonistas, preguntarnos qué estamos aportando para evolucionar como sociedad. En la queja y el lamento no se construye, el futuro no se hace solo, los deseos no “empreñan”
Vuelve a preguntarte de verdad, desde lo que haces cada día, desde tu posición frente a un problema, en la calle, en tu edificio, en tu condominio, en tu trabajo:
¿soy parte del problema o de la solución?

A %d blogueros les gusta esto: