Angelina, el drama y los memes


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La visita de Angelina al albergue de venezolanos en Perú dejó muchas cosas, pero en las redes sociales (que no la vida real) dejó una foto (de Santiago Escobar) con la mesa servida para hacer toda clase de memes. Luego de un par de semanas de verlos dar vueltas, reírnos con ellos y compartirlos, también hemos podido ver a personas que se ofenden y que critican ese asunto de “no tomarse nada en serio”. Hay gente que se enorgullece de que a todo le saquemos el chiste y hay gente que se molesta de precisamente eso, de que a todo le saquemos un chiste, eso normal. El problema es la polarización, porque todas las polarizaciones son malas, no solamente la política. Ahora veo que algunos valoran la “venezolanidad” en función de si nos gustan los memes o no, si nos reímos de la tragedia o no, como si eso realmente fuera importante o hiciera alguna diferencia. Por cierto, no creo que la percepción que tenga Angelina sobre la realidad venezolana vaya a cambiar si llega a ver alguno de estos memes, porque son cosa doméstica, chistes internos, tonterías sin importancia.

En fin, a todas estas, Isaac Paniza, un fotógrafo influencer venezolano, publicó su opinión, que no comparto, pero que entiendo por su tendencia religiosa, esa que lo hace siempre tener la necesidad de juzgar y poner etiquetas de bueno o malo a todo lo que ve. Y creo que el error está ahí, en siempre querer ponerle etiquetas a la gente, asumir que porque alguien se ríe de un meme sea indolente a la realidad que se dibuja en él, creo que es un error, y no critico a Isaac, opino sobre esa visión que escoge y  su punto de vista, que muchos comparten, porque además, también creo que no es correcto criticar al humor fuera de él, no tiene sentido.

Un chiste te da risa o no, incluso puede desagradarte, pero de ahí a comenzar a tejer teorías y construir estereotipos, valorarlos moralmente y castigarlos (a ellos y a quienes se rían con eso) porque no te de risa, es como ponerle drama a algo que, literalmente, es un chiste.

Y bueno, finalmente creo que si vamos a hablar de cosas serias, no podemos hablar de memes.

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Capítulo uno: “Es que, no lo recordarías”


jeisson-yanexi-impresion-matte-13.jpgDicen que los dos primeros años de vida de todo ser humano son los más importantes, desde el punto de vista de desarrollo psicosocial y crecimiento. En esos dos primeros años, los niños conocen y experimentan el mundo, desarrollan la vista, aprende a caminar, exploran el mundo y comienzan a entender cómo funciona, se hacen conexiones neuronales que ayudan a desarrollar habilidades y potencialidades genéticas. Además de que se fortalecen o se eliminan algunas características instintivas en el ser humano. Durante los primeros dos años el ser humano alcanza la mitad de su estatura, aprende a hablar, abandona el pañal, puede llegar  aumentar su peso hasta cuatro veces y su cerebro alcanza el 90% de su peso definitivo, increíble.

¿Sabes qué? pues también han sido los dos años más importantes de la nuestra, pero eso es otra cosa, solo un comentario pues.

Ahora que están por terminar tus primeros dos años, estaré detallando los momentos más importantes, desde nuestro punto de vista, cómo fueron tus hitos y cada una de las veces que nos has hecho llorar de emoción, de ternura, de orgullo, y también, las veces que nos hemos asustado y has puesto a prueba nuestra paciencia. Finalmente también han sido nuestros dos años más importantes, no solo porque estás con nosotros, o bueno sí, pues todo lo que ns ha ocurrido y todo lo que hemos hecho en estos tiempos ha girado en torno a ti, ha sido por ti y para ti.

Reiremos y lloraremos juntos cuando puedas entender lo que te iré contando, porque si no lo escribimos, lo perderías. Es que, no lo recordarías.

 

Hay cosquillas que no dan risa(?)


Emilio Lovera siempre ha dicho que la comedia es un asunto serio, define la comedia como el arte de hacerte pensar mientras te ríes. El payaso nada más te hace reír, de hecho sin pensarlo mucho, en un chiste básico, una broma ligera, efímera, un resbalón, un florero que te caen en la cabeza, no más. Y además está el payaso triste, ese que diseña sus “rutinas” orbitando en la burla y humillación de otros, no importa si son los negros, los maricos, los gallegos, las mujeres, las personas con discapacidad, los pobres; eso es lo de menos, dependerá del público al que se dirija, y al momento. Todos estos oficios tienen su púbico, su target, sus fans.

El problema no es que lo que digan sea correcto o no, porque todos sabemos qué es y  qué no es correcto, el asunto es que hay temas “para todo público” y hay otros que no, hay temas delicados y moralmente sensibles, algunos deciden no cruzar algunas líneas y hay transgresores, en todo caso, cada quien debe ser responsable, pues si tienes las bolas de alborotar el avispero, tienes (deberías) que tenerlas también para soportar las picadas.

No necesariamente estas “payasadas tristes” sean el reflejo de un homofóbico, misógino, racista, xenófobo o clasista, es simplemente que apela a lo básico, directo, efectista. Pero hasta ahí. Yo creo que no hay que tomárselo tan a pecho, ni flagelarse, ni demonizar a nadie, mientras más intensa y vergonzosa pueda ser una rutina, menos gente se le reirá, es su decisión, escoge su público (cada vez más pequeño), es su barranco, las “victimas” de sus chistes no son responsables ni tienen por qué sentirse atacadas, en todo caso, el del chiste se ataca a sí mismo.

Todas las cosquillas dan risa, pero no a todos, ni en el mismo momento. Aquí un artículo, muy interesante en el que se toca el tema del humor negro y lo que significa para el ser humano. Vale la pena leerlo.

El chiste más gracioso de la historia y los límites del humor negro

Revolución fallida


Hace años discutía con un tío, muy querido, sobre la revolución, la conversación fue cuando el candidato de la oposición era Rosales. Mi tío defendía a Chávez diciendo que tenía muy buenas intenciones e ideas pero que el problema era que no lo dejaban gobernar, esa era la razón por la que no avanzábamos, yo le decía que eso no importaba, que si un gobernante no era capaz de hacer lo que tenía que hacer, que si no lo había logrado (o no lo habían dejado) en 7 años, no lo iba a poder hacer nunca y que era mejor dar oportunidad a que otros lo intentarán.

El caso es que 11 años después sigo pensando lo mismo, no sé qué pensará mi tío, pero para mí la revolución, si es que realmente la hubo, fracasó, no lo logró, murió.

Fue un punto de inflexión, sí, logró algunas cosas importantes, sí, pero el saldo que deja, el balance luego de 18 años opaca cualquier cosa positiva que pueda tener, y lo peor de todo es que la revolución no asume ninguna responsabilidad en sus errores y pretende seguir por siempre y para siempre, porque ellos son los únicos dignos de sacar al país adelante (aunque no lo hagan).

Un gobierno que en 18 años no pudo controlar la inflación, que ahora ronda el 700% anual, no merece otra oportunidad. Un gobierno que en 18 años no logró superar la dependencia del petróleo (y ahora eso le pasa factura) no merece otra oportunidad. Un gobierno que recibió el dólar en 500 Bs. y que ahora lo tiene en 5 millones (sí, 5 millones, millones!) No merece otra oportunidad.

Con 18 años en el poder y que las cárceles sigan siendo gobernadas por bandas armadas, que mandan adentro y afuera, que cuadran extorsiones, secuestros y pagos de vacuna, no merece otra oportunidad​.

Un gobierno que se burla de compatriotas opositores que tienen que resguardarse en el Guaire (río de aguas negras que atraviesa Caracas), diciendoles mierda. Una policía y guardia nacional que reprime y ataca ferozmente a las manifestaciones, pero que cuando los mercenarios sale a atacar a las urbanizaciones y a saquear no hacen nada, que se ríe o ignora la desproporción con la que son reprimidas manifestaciones, no merece llamarse de todos, no merece otra oportunidad.

Un gobierno que hizo visible a los pobres, los reconoció y consideró, los atendió, pero nunca los dejó salir de la pobreza, porque nunca le interesó, que jugó y juega con el hambre y la necesidad y la usa a su favor, que manipula y miente descaradamente, no merece otra oportunidad.

Un gobierno que pelea con el imperio pero tiene a sus hijos viviendo allá. Que se llena la boca hablando de soberanía y de independencia pero nada de lo que consume lo produce. Donde la gente se muere en los hospitales porque no hay equipos o medicinas, donde la educación es gratis pero es mediocre y sin recursos. En dónde el hampa y la inseguridad matan a gente a cada minuto y a nadie le importa porque la impunidad es la norma. Donde la corrupción está en todos lados, convive en todo nivel, desde el portero del Saime hasta el ministro y no pasa nada.

Y es que es tan verdad, que aunque no sé qué opine mi tío de esto que escribo, de lo que sí estoy seguro es de que él tampoco está conforme con nuestra realidad, aunque probablemente siga pensando que no es culpa del gobierno.

En todo caso, una revolución que no cambió nada, sino que empeoró lo malo que había y lo bueno lo aniquiló, es una revolución fallida, y no merece otra oportunidad.

El 12 de octubre (para no entrar en detalles)


La pelea entre los que ven el vaso medio lleno y los que lo ven medio vacío, la gente no siempre se da cuenta de que son pequeñas decisiones que se toman durante el día, son pequeñas o grandes frases, simples palabras sueltas o ideas profundas y concretas que nos ponen de un lado o del otro: el positivo y el negativo. La luz y la sombra. Dejarse arrastrar por la sombra es lo más fácil porque es eso: dejarse llevar, no asumir responsabilidades y dejar en otros las culpas de nuestro destino, nuestro pasado y nuestro futuro, nos declaramos testigos y víctimas. Cuestionamos a todos y a todo sin sentirnos participantes, corresponsables y protagonistas.

El 12 de octubre es un perfecto ejemplo de esto, porque siempre ha existido el debate de si hay o no algo que conmemorar (para no decir celebrar). Que si el descubrimiento de América (?) Que si el encuentro de dos mundos. Que si el mayor genocidio de la humanidad (?). Y bueno, es verdad, cuando llegó Colón a América trajeron con ellos su cultura, su religión, sus miedos, sus miserias y sus prejuicios, y los de aquí que eran indefensos fueron los que llevaron la peor parte, fueron subyugados, humillados, vejados y asesinados, todo eso es cierto. Pero me parece una pendejada eso de que cada 12 de octubre nos la pasemos en la misma cantaleta de que el imperio español nos jodió la vida, de que eran malos, que nos pusieron ropa, nos violaron, que nos robaron el futuro, pero ya pues, yo no me puedo pasar toda mi vida quejándome de que mi mamá en quinto grado me cambió de colegio y me quedé sin amigos en mi último año de básica. Si la historia sirve para algo, es para aprender de nuestros errores y no volverlos a cometer, punto.

Si te pones a ver y miras las cosas desde otra perspectiva también es verdad que lo que hoy somos es gracias a esa historia (la de los americanos y la mía), que no es ni buena ni mala, simplemente “es”. Al final del día quizá uno termine siendo más europeo que americano (genéticamente hablando) y eso no es ni mejor ni peor. Qué es mejor, celebrar nuestra diversidad y presente, abrazarlos,  aplaudirlos y avanzar a partir de ellos? O seguir apuntando, culpando, acusando?

La historia, como el vaso, es la misma, todo depende de lo que decidas ver, cómo interpretarlo y qué hacer frente a ello. Así que dejemos el drama y feliz 12 de octubre, para no entrar en detalles…

El problema con los ídolos


Yo tenía como 12 cuando Michael Jackson acababa de sacar el disco Dangerous, estaba en su cúspide, vídeos con el chamín de “Mi pobre Angelito”, Michael Jordan, Magic Jhonson, Naomi Campbell, era el papá de los helados, había planeado una gira y le tocaba pasar por Venezuela, un tío me había regalado la entrada y un vecino me iba a llevar al estacionamiento del Poliedro a verlo, faltaba una semana, y bueno, el mismo tío que me compró la entrada me trajo la portada de “El Mundo”, donde decía no solo que el pana tenía un problema de adicciones a medicamentos, sino que suspendía su gira, no vendría, se acabó.

El primero de mayo del 94 vi, en vivo, la muerte de Ayrton Senna, uno de los mejores pilotos de Forma Uno de la historia, un tipo ejemplar, en muchos sentidos. Otro ídolo se derrumbaba.

Por esa época también estuvo de moda el tema de Maradona, con su droga y su peleadera con el mundo, en el Mundial de USA 94, lo vi anotar un gol y gritarle a la cámara como queriendo demostrar que seguía siendo “D10s”, sentí que se redimía y lo justifiqué: pobrecito, le tienen envidia, el mundo no lo entiende, él es bueno, solo es una víctima. A la semana lo suspendieron del Mundial por dopaje, otra vez el mismo cuento, otro ídolo que rodó.

La caída de esos grandes me hizo entender lo insensato que resulta tener un ídolo, endiosar a alguien hasta el punto de creer y esperar que sea perfecto en todos los ámbitos, y sentir la necesidad de disculparlo, justificarlo y alcahuetearlo, no tiene sentido, como que si eso dijera algo de nosotros, nos definiera. Al final esa persona es alguien más y no es nada de uno, nada, el mundo sigue andando, estén o no estén, sigues siendo el mismo, por más que quieras hacértelo creer, ellos no forman parte de tu vida.

Desde hace tiempo escucho todos los días en las redes sociales una discusión (pendeja) sobre quién es mejor jugador de fútbol: Messi o Ronaldo, en la cancha podría ser relativamente sencillo de identificar, se hace un análisis más o menos objetivo, pero el tema va más allá del deporte, que si uno se casó con la novia del barrio, que si el otro adoptó a un niño huérfano, que si uno es novelero en la cancha y que el otro evade impuestos y por lo tanto criminal. No le veo ningún sentido y no entiendo qué necesidad tiene la gente de defender y justificar la acciones que haga alguien y compararlo con otro, ¿acaso eso te hace mejor persona a ti?, no creo. Es cierto que en el deportista exitoso de alguna manera siente el peso y la responsabilidad de ser un ejemplo, no solamente dentro la cancha sino fuera de ella pero eso es algo muy distinto a ser un ídolo, los ídolos no deberían existir, porque no son reales.

Finalmente están los políticos, que quizá podrían ser quiénes deberían tener un mayor nivel de integridad ya que desde el punto de vista social ellos son los que, de alguna manera, deberían representar lo mejor de la sociedad, nos deberían orientar  o guiar en cierta forma, cumplir con algunas características de probidad, pero hasta ahí, un líder no debe ser un ídolo y mucho menos los políticos, más bien ellos son servidores públicos, están al servicio de la gente, no para servirse de ellos.

No puedes definirte en función de las cualidades de otro, cada uno de nosotros tiene suficiente como para sentirse orgulloso, brillar con su propia luz y no menospreciarse queriendo ser el reflejo de alguien más, porque  el problema de los ídolos es que son de mentira y tú eres de verdad.

Perdiendo el tiempo


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Son las 10 de la noche, después de un día de trabajo me encuentro sentado frente al televisor, dando vueltas en más de 200 canales y no encuentro nada que ver, tomo el celular y me pongo a ver el Facebook, se me van 20 minutos viendo noticias en páginas de medios serios, veo en CNN noticias de Pokemon Go, el perrito de España que se lanzó al vacío por el calor, un perro peleando con cobras, en medios nacionales miro las teorías (y opiniones) sobre la muerte del hermano de Chavez,  en la BBC noticias sobre Kim Kardashian, en CNN (en inglés) el vídeo d la pelea entre dos ratas gigantes, en el Nacional veo la noticia de dos ladrones que degollaron a un vendedor de oro, y finalmente en la página de RT veo la noticia del “Dramático instante en el un hombre salta a las vías de un tren para suicidarse” y la noticia del estado de salud del bebé de 4 años que fuma, en Indonesia.

Y eso que yo hago mis mayores esfuerzos, por el filtrar bien el contenido que veo, haciendo listas en Twitter y escogiendo muy bien las cuentas que sigo en Facebook, no uso Snapchat, todavía hago crucigramas, pero parece que esa vorágine que desespera por generar contenido (inútil), acumular “clics” por hacerlo sin prestar atención a la calidad, puede hacer que nos perdamos y perdamos el tiempo, nuestro valioso tiempo.

El mundo ha cambiado y las realidades digitales, donde las redes sociales son los nuevos medios tiene muchas cosas buenas, están llenos de oportunidades, nuevas y maravillosas, pero no hay que dejarse empañar ni dejarse llevar por esa necesidad de estar n todo y leerlo todo y te reproducir y compartirlo todo, que no estamos compitiendo con nadie, la vida es afuera,  hay que tomar decisiones cada segundo y todas importan. No sigamos perdiendo el tiempo.

El referendum y su poder en democracia


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Gran Bretaña decidió el 23/06/2016 en un referéndum que no quería seguir dentro de la Unión Europea, cuando el mundo habla de integrarse, de desarrollar los conceptos de “comunidad”, compartir, de derribar fronteras, en fin, luego de 43 años dentro de la comunidad decidieron salirse, entre otras cosas las razones de los pro “Brexit” (BRiatin EXIT) estaban que ellos sentían que los demás países los chuleaban, que ellos daba más de lo que recibían, y que eso del libre tránsito dentro de Europa no les gustaba mucho cuando los demás podían entrar en su patio, a quitarle sus trabajos y sus oportunidades, el nacionalismo pues.
Pero bueno, yo no voy a ponerme a disertar sobre las razones o argumentos para seguir o  de la UE, tampoco sé lo que va a pasar ahora que hasta ellos mismos parece que se están sorprendidos por el resultado, es un tema que da para largo, pero no es de lo que quiero hablar.
Yo realmente quería hablar sobre su comportamiento político como sociedad, desde el punto de vista de las instituciones y el respeto a la opinión de las mayorías. Este señor: David Cameron es el primer ministro del Reino Unido y en el 2015, luego de bastante ruido y presiones para salir de la Unión Europea, decidió hacer un referendum, no esperó a que los otros recogieran las firmas del 1% del  padrón electoral, para luego filtrarlas y después mandar a que la gente las validara para luego volverlas a chequear y después mandar a recoger firmas, ahora del 20% del padrón, no, el pana sabía que había que darle oportunidad a la gente de expresarse y lo hizo, sin hacerse el loco, sin rodeos, sin tacharlos de enemigos, ni apátridas ni nada.  Es más, muchos decían que eso era cuchillo para su garganta,  y bueno, así fue, lo que pasó después, todavía lo están asimilando: la opción de salirse de la Unión Europea ganó y aunque el resultado no es vinculante (referendum consultivo) lo más probable es que lo hagan.
El primer ministro renuncia a su cargo y esto es lo interesante: en el discurso dice muy claramente que no está de acuerdo con retirarse, pero que respeta profundamente el ejercicio democrático y la decision de la mayoría es ley. Podría haber desobedecido el resultado, ofender a los ganadores, tildarlos de ignorantes, separatistas, egoístas, engañados, etc. No se atrevió a cuestionar a la mayoría, de explicarles lo equivocados que están y que tienen que hacer lo que el dice, porque él es el líder. Esto último es interesante, el líder está al servicio del pueblo, no al revés, no es él quién dice lo que hacer.  Finalmente cierra diciendo que considera que el pueblo de Gran Bretaña necesita a una persona que los lleve y acompañe por el camino que han decidido recorrer y que él sabe que él no es esa persona.

Es muy difícil no hacer comparaciones…

Vive y deja vivir…


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En octubre se llevó a cabo la carrera “Caracas Rock 2015”, como 25 mil personas corrimos 10K por las calles de la ciudad, es una de las carreras más importantes del año, no sólo porque corre tanta gente, sino por el trabajo logístico que implica, desde ese mismo día en Twitter y Facebook vi muchos comentarios despectivos sobre las personas que participaron en ella. Luego, hace un par de días Venezuela le ganó a Uruguay y se clasificó a la siguiente ronda de la Copa América, yo pensaría que todo el país estaría feliz, contento, alegre y celebraría la victoria como lo que es: una esperanza, una muestra de que podemos hacer cosas bien, de que hay talento, pasión y amor por nuestra patria.
Pues me equivoqué, nuevamente comencé a leer críticas, juicios y descalificativos, porque no es posible celebrar nada si no hay comida, no hay nada qué celebrar cuando Leopoldo está preso, que mientras la vinotinto ganaba había gente muriendo de hambre, por falta de medicinas, por una bala perdida, de mengua, que muchos venezolanos estaban haciendo maletas para irse a probar suerte en otro país… Eso siempre ocurre cuando hay algún evento deportivo o celebración especial, que a veces sirva como paréntesis oxigenante en este caótico día a día que vivimos en Venezuela, esa criticadera compulsa me parece egoísta, arrogante y bastante triste. Me da la impresión de que esas personas han perdido y se han dejado envenenar por el odio, se han dejado llenar por un resentimiento intestino, irracional, gente que desarrolló una capacidad impresionante de encontrarle el aspecto negativo a todo, es esa gente que se queja cada mañana, bien sea porque el sol está muy caliente o porque no se asoma.
Yo siempre hago el mayor esfuerzo por respetar y aceptar las opiniones de los demás, porque cada quien hace lo que mejor le parece, yo me imagino que esas personas no irán a fiestas de cumpleaños, ni celebrarán el suyo, ni navidad, ni vacaciones, ni playa, ni nada.
Pero yo no, yo no me pienso dejar vencer por el desánimo, no pienso dejar de celebrar la vida, de alegrarme con las pequeñas cosas, me niego a dejar de ser feliz, de buscar los bueno en lo malo, siempre hay algo por qué lamentarse, pero también siempre hay algo que
celebrar y yo prefiero eso. Sí, prefiero hablar de lo bien que le va a la vinotinto que del miedo que sentí hace un par de semanas cuando no encontraba las vacunas para mi hija, por ejemplo, elijo y eligiré siempre la alegría que el lamento. Prefiero ocuparme en ser honesto y tratar de ser un buen ejemplo, luchar por lo que quiero y regalarle sonrisas a los míos.
Quizás estoy equivocado, pero no me importa, porque es que yo no estoy interesado en tener la razón, yo quiero ser feliz.

Yo creía


Yo creía que la felicidad estaba en los pequeños detalles, que la vida era una aventura en la que podías ser testigo o protagonista, yo pensaba que la alegría estaba en la capacidad de reírse de uno mismo y que la ternura era una tontería.
Quizá la vida era eso, una acumulación de momentos y chispas de felicidad que destellaban en mi historia, 34 años buenos, muy buenos para ser honesto.
Una vida en la que las mayores sensaciones de éxito y alegría se habían plasmado en dos o tres momentos: cuando recibí el título universitario, cuando mi negra y yo emprendimos la aventura de formar un nuevo hogar, y cuando después de cuatro días caminando logré alcanzar la cima del  Roraima.
Yo creía…
Hasta el día que que supe de ti, en ese preciso instante entendí que todo lo que había vivido era un prólogo, un preámbulo.
Descubrí el sonido más hermoso que jamás había escuchado: era el latido de tu corazón. Aprendí finalmente que la felicidad está en tu mirada, que la esperanza está en tus suspiros, descubrí la emoción más grande de mi vida en el momento en que te vi por primera vez, supe que la dulzura está en tu olor, que mi vida está en tu aliento, que el contacto con tu piel es la ternura del universo. Conocí el amor y mi vida comenzó.

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