El problema con los ídolos


Yo tenía como 12 cuando Michael Jackson acababa de sacar el disco Dangerous, estaba en su cúspide, vídeos con el chamín de “Mi pobre Angelito”, Muchael Jordan, Magic Jhonson, Naomi Campbell, era el papá de los helados, había planeado una gira y le tocaba pasar por Venezuela, un tío me había regalado la entrada y un vecino me iba a llevar al estacionamiento del Poliedro a verlo, faltaba una semana, y bueno, el mismo tío que me compró la entrada me trajo la portada de “El Mundo”, donde decía no solo que el pana tenía un problema de adicciones a medicamentos, sino que suspendía su gira, no vendría.

Hasta entonces me esmeraba en justificar el asunto, en negar el tema de el abuso a menores y de justificar todo el tema del abuso de drogas con un “pobrecito, pero el es bueno”, como si eso minimizara el asunto  y convertía así de fácil, una enfermedad terminal en una simple gripe.

El primero de mayo del 94 ví, en vivo, la muerte de Ayrton Senna, uno de los mejores pilotos de Forma Uno de la historia, un tipo ejemplar, en muchos sentidos. Otro ídolo se derrumbaba.

Por esa época también estuvo de moda el tema de Maradona, con su droga y su peleadera con el mundo, en el Mundial de USA 94, lo vi anotar un gol y gritarle a la cámara como queriéndo demostrar que seguía siendo el “D10s”, sentí que se redimía y lo justifiqué: pobrecito, le tienen envidia, el mundo no lo entiende, él es bueno, solo es una víctima. A la semana lo suspendieron del Mundial por dopaje, otra vez el mismo cuento.

La caída de esos grandes me hizo entender lo insensato que resulta tener un ídolo, endiosar a alguien hasta el punto de creer y esperar que sea perfecto en todos los ámbitos, y sentir la necesidad de disculparlo, justificarlo y alcahuetearlo, como que si eso dijera algo de nosotros, nos definiera. Al final esa persona es alguien más y no es nada de uno, nada, el mundo sigue andando, estén o no estén, sigues siendo el mismo, por más que quieras hacértelo creer, ellos no forman parte de tu vida.

Desde hace tiempo escucho todos los días en las redes sociales una discusión (pendeja) sobre quién es mejor: Messi o Ronaldo, en la cancha podría ser relativamente sencillo de identificar, se hace un análisis más o menos objetivo, pero el tema va más allá del deporte, que si uno se casó con la novia de siempre, que si el otro adoptó a un niño huérfano, que si uno es novelero en la cancha y que el otro evade impuestos y por lo tanto criminal. No le veo ningún sentido y no entiendo qué necesidad tiene la gente de defender y justificar la acciones que haga alguno y compararlo con el otro, ¿acaso eso te hace mejor persona a ti?, no creo. Es cierto que en el deportista exitoso de alguna manera siente el peso y la responsabilidad de ser un ejemplo, no solamente dentro la cancha sino fuera de ella pero eso es algo muy distinto a ser un ídolo, los ídolos no deberían existir, porque no son reales.

Finalmente están los políticos, que quizá lo podrían ser quiénes deberían tener un mayor nivel de integridad ya que desde el punto de vista social ellos son los que, de alguna manera, deberían representar lo mejor de la sociedad,  nos deberían orientar  o guiar o de alguna manera, cumplir con ciertas características de probidad, pero hasta ahí, un líder no debe ser un ídolo y mucho menos los políticos más bien ellos son servidores públicos, están al servicio de la gente, no para servirse de ellos.

No puedes definirte en función de las cualidades de otro, cada uno de nosotros tiene suficiente como para sentirse orgulloso, brillar con su propia luz y no menospreciarse queriéndo ser el reflejo de alguien más, porque  el problema de los ídolos es que son de mentira y tú eres de verdad.

Perdiendo el tiempo


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Son las 10 de la noche, después de un día de trabajo me encuentro sentado frente al televisor, dando vueltas en más de 200 canales y no encuentro nada que ver, tomo el celular y me pongo a ver el Facebook, se me van 20 minutos viendo noticias en páginas de medios serios, veo en CNN noticias de Pokemon Go, el perrito de España que se lanzó al vacío por el calor, un perro peleando con cobras, en medios nacionales miro las teorías (y opiniones) sobre la muerte del hermano de Chavez,  en la BBC noticias sobre Kim Kardashian, en CNN (en inglés) el vídeo d la pelea entre dos ratas gigantes, en el Nacional veo la noticia de dos ladrones que degollaron a un vendedor de oro, y finalmente en la página de RT veo la noticia del “Dramático instante en el un hombre salta a las vías de un tren para suicidarse” y la noticia del estado de salud del bebé de 4 años que fuma, en Indonesia.

Y eso que yo hago mis mayores esfuerzos, por el filtrar bien el contenido que veo, haciendo listas en Twitter y escogiendo muy bien las cuentas que sigo en Facebook, no uso Snapchat, todavía hago crucigramas, pero parece que esa vorágine que desespera por generar contenido (inútil), acumular “clics” por hacerlo sin prestar atención a la calidad, puede hacer que nos perdamos y perdamos el tiempo, nuestro valioso tiempo.

El mundo ha cambiado y las realidades digitales, donde las redes sociales son los nuevos medios tiene muchas cosas buenas, están llenos de oportunidades, nuevas y maravillosas, pero no hay que dejarse empañar ni dejarse llevar por esa necesidad de estar n todo y leerlo todo y te reproducir y compartirlo todo, que no estamos compitiendo con nadie, la vida es afuera,  hay que tomar decisiones cada segundo y todas importan. No sigamos perdiendo el tiempo.

El referendum y su poder en democracia


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Gran Bretaña decidió el 23/06/2016 en un referéndum que no quería seguir dentro de la Unión Europea, cuando el mundo habla de integrarse, de desarrollar los conceptos de “comunidad”, compartir, de derribar fronteras, en fin, luego de 43 años dentro de la comunidad decidieron salirse, entre otras cosas las razones de los pro “Brexit” (BRiatin EXIT) estaban que ellos sentían que los demás países los chuleaban, que ellos daba más de lo que recibían, y que eso del libre tránsito dentro de Europa no les gustaba mucho cuando los demás podían entrar en su patio, a quitarle sus trabajos y sus oportunidades, el nacionalismo pues.
Pero bueno, yo no voy a ponerme a disertar sobre las razones o argumentos para seguir o  de la UE, tampoco sé lo que va a pasar ahora que hasta ellos mismos parece que se están sorprendidos por el resultado, es un tema que da para largo, pero no es de lo que quiero hablar.
Yo realmente quería hablar sobre su comportamiento político como sociedad, desde el punto de vista de las instituciones y el respeto a la opinión de las mayorías. Este señor: David Cameron es el primer ministro del Reino Unido y en el 2015, luego de bastante ruido y presiones para salir de la Unión Europea, decidió hacer un referendum, no esperó a que los otros recogieran las firmas del 1% del  padrón electoral, para luego filtrarlas y después mandar a que la gente las validara para luego volverlas a chequear y después mandar a recoger firmas, ahora del 20% del padrón, no, el pana sabía que había que darle oportunidad a la gente de expresarse y lo hizo, sin hacerse el loco, sin rodeos, sin tacharlos de enemigos, ni apátridas ni nada.  Es más, muchos decían que eso era cuchillo para su garganta,  y bueno, así fue, lo que pasó después, todavía lo están asimilando: la opción de salirse de la Unión Europea ganó y aunque el resultado no es vinculante (referendum consultivo) lo más probable es que lo hagan.
El primer ministro renuncia a su cargo y esto es lo interesante: en el discurso dice muy claramente que no está de acuerdo con retirarse, pero que respeta profundamente el ejercicio democrático y la decision de la mayoría es ley. Podría haber desobedecido el resultado, ofender a los ganadores, tildarlos de ignorantes, separatistas, egoístas, engañados, etc. No se atrevió a cuestionar a la mayoría, de explicarles lo equivocados que están y que tienen que hacer lo que el dice, porque él es el líder. Esto último es interesante, el líder está al servicio del pueblo, no al revés, no es él quién dice lo que hacer.  Finalmente cierra diciendo que considera que el pueblo de Gran Bretaña necesita a una persona que los lleve y acompañe por el camino que han decidido recorrer y que él sabe que él no es esa persona.

Es muy difícil no hacer comparaciones…

Vive y deja vivir…


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En octubre se llevó a cabo la carrera “Caracas Rock 2015”, como 25 mil personas corrimos 10K por las calles de la ciudad, es una de las carreras más importantes del año, no sólo porque corre tanta gente, sino por el trabajo logístico que implica, desde ese mismo día en Twitter y Facebook vi muchos comentarios despectivos sobre las personas que participaron en ella. Luego, hace un par de días Venezuela le ganó a Uruguay y se clasificó a la siguiente ronda de la Copa América, yo pensaría que todo el país estaría feliz, contento, alegre y celebraría la victoria como lo que es: una esperanza, una muestra de que podemos hacer cosas bien, de que hay talento, pasión y amor por nuestra patria.
Pues me equivoqué, nuevamente comencé a leer críticas, juicios y descalificativos, porque no es posible celebrar nada si no hay comida, no hay nada qué celebrar cuando Leopoldo está preso, que mientras la vinotinto ganaba había gente muriendo de hambre, por falta de medicinas, por una bala perdida, de mengua, que muchos venezolanos estaban haciendo maletas para irse a probar suerte en otro país… Eso siempre ocurre cuando hay algún evento deportivo o celebración especial, que a veces sirva como paréntesis oxigenante en este caótico día a día que vivimos en Venezuela, esa criticadera compulsa me parece egoísta, arrogante y bastante triste. Me da la impresión de que esas personas han perdido y se han dejado envenenar por el odio, se han dejado llenar por un resentimiento intestino, irracional, gente que desarrolló una capacidad impresionante de encontrarle el aspecto negativo a todo, es esa gente que se queja cada mañana, bien sea porque el sol está muy caliente o porque no se asoma.
Yo siempre hago el mayor esfuerzo por respetar y aceptar las opiniones de los demás, porque cada quien hace lo que mejor le parece, yo me imagino que esas personas no irán a fiestas de cumpleaños, ni celebrarán el suyo, ni navidad, ni vacaciones, ni playa, ni nada.
Pero yo no, yo no me pienso dejar vencer por el desánimo, no pienso dejar de celebrar la vida, de alegrarme con las pequeñas cosas, me niego a dejar de ser feliz, de buscar los bueno en lo malo, siempre hay algo por qué lamentarse, pero también siempre hay algo que
celebrar y yo prefiero eso. Sí, prefiero hablar de lo bien que le va a la vinotinto que del miedo que sentí hace un par de semanas cuando no encontraba las vacunas para mi hija, por ejemplo, elijo y eligiré siempre la alegría que el lamento. Prefiero ocuparme en ser honesto y tratar de ser un buen ejemplo, luchar por lo que quiero y regalarle sonrisas a los míos.
Quizás estoy equivocado, pero no me importa, porque es que yo no estoy interesado en tener la razón, yo quiero ser feliz.

Yo creía


Yo creía que la felicidad estaba en los pequeños detalles, que la vida era una aventura en la que podías ser testigo o protagonista, yo pensaba que la alegría estaba en la capacidad de reírse de uno mismo y que la ternura era una tontería.
Quizá la vida era eso, una acumulación de momentos y chispas de felicidad que destellaban en mi historia, 34 años buenos, muy buenos para ser honesto.
Una vida en la que las mayores sensaciones de éxito y alegría se habían plasmado en dos o tres momentos: cuando recibí el título universitario, cuando mi negra y yo emprendimos la aventura de formar un nuevo hogar, y cuando después de cuatro días caminando logré alcanzar la cima del  Roraima.
Yo creía…
Hasta el día que que supe de ti, en ese preciso instante entendí que todo lo que había vivido era un prólogo, un preámbulo.
Descubrí el sonido más hermoso que jamás había escuchado: era el latido de tu corazón. Aprendí finalmente que la felicidad está en tu mirada, que la esperanza está en tus suspiros, descubrí la emoción más grande de mi vida en el momento en que te vi por primera vez, supe que la dulzura está en tu olor, que mi vida está en tu aliento, que el contacto con tu piel es la ternura del universo. Conocí el amor y mi vida comenzó.

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Paranoia “social”


Yo vivo en Venezuela, la misma Venezuela en la que estamos todos, vivo a menos de dos kilómetros del cajero en el que un tipo encubierto del CICPC mató a un choro que intentaba robarlo, asesinato del que todos fuimos testigos gracias al video que corrió por las redes sociales. También vivo como a 3 kilómetros de la parada donde lincharon a un muchachito que estaba robando en un bus, en el Metrópolis, el video mostraba a un casi-niño convulsionando en el piso, mientras la gente miraba, de vez en cuando uno que otro le daba una patada en la cara “para que aprenda”, supongo. También vi hace un tiempo cómo unos tipos mataron a machetazos a otros por un robo de una moto y, más recientemente, vi completico como el bus atropelló a unos policías en el Tachira. Todo lo vi sin querer, es decir sin andarlo buscando.
No entiendo el afán de la gente en reenviar y publicar ese tipo de noticias, por el contrario, me preocupa porque yo conozco muchos niños con Facebook y Twitter, y si yo me aturdo con esas publicaciones, no quiero imaginarme lo que le pasaría por la cabecita a un niño de 10 años al ver que que algún familiar publique un video en que linchan a un malandro y no solo lo aplauda sino que lo conviertan en una suerte de declaración de guerra.
Recibo y miro tweets, mensajes de whatsapp o mensajes en el facebook con supuestas noticias que pareciera que la gente ni de preocupa por analizar, sólo reenvían o publican, como autómatas.

A veces veo alguna publicación en la que la gente hace catarsis, por lo general contra el gobierno, malandros o contra los bachaqueros y me pregunto si esa gente se ha puesto a pensar cómo explicarle a su hijo ese arranque de ira. Es verdad que cada quien puede publicar lo que quiera, pero ¿realmente son conscientes de lo que están haciendo y del impacto que eso tiene?
Hay muchas maneras, más efectivas y constructivas de drenar la molestia, tristeza e indignación que ponerse a pegar gritos, eso no resuelve los problemas, y eso es lo que realmente necesitamos hacer con nuestros problemas: resolverlos no quejarnos, revolcarnos…
A quienes lo hacen les digo que sigan haciendo lo que les de le gana en sus muros o con sus de Facebook o whatsapp. Pero espero que esto los haga pensarlo un poquito más. Yo me seguiré encargando de regañarlos cada vez que lo hagan.

 

Sí se pudo


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Sí se pudo, y no estoy hablando de que la oposición haya logrado duplicar en diputados al gobierno, que sí lo hizo, me refiero a que se demostró que la mayoría, la gran mayoría del país, quiere avanzar y seguir construyendo una mejor patria, entre todos, juntos. Las tendencias son lo de menos, hoy la asamblea es de centro derecha, ayer fue de izquierda, antes de ayer de derecha, pero es el mismo país, el pueblo que hace 5 años votó mayoritariamente por el oficialismo, hoy ha nombrado una asamblea distinta, es el mismo país, es el mismo pueblo que votó. Más allá de la anécdota del discurso del orador con la lengua pesada, más allá de lo sabroso que pudo haber sido ver al verdugo pidiendo clemencia, más allá de los discursos llenos aún de odio y de soberbia prepotente, del revanchismo o del ánimo de venganza de algunos protagonistas insignes, se logró y contra todo pronóstico (amenazas, colectivos, llamados a manifestaciones) poner frente a frente a dos realidades del país que no se reconocían, se ha logrado que, aun con sus múltiples diferencias, acepten incluso a regañadientes, la existencia de un país al que no le hablaban, el que no existía, el que era el enemigo, el que era menos que nada. El día de hoy no es histórico por el hecho de que la Asamblea Nacional haya dejado de ser “roja rojita”, este día es historia porque no hubo patadas a la mesa y se demostró que sí es posible mirarse a la cara y sentarse a trabajar juntos por el bien de todos.

Hoy se demostró que nada es para siempre, que no hay verdades absolutas y que quién esté en el poder deberá entender, tarde o temprano, que el poder es transitorio, es circunstancial y que todo lo que sube, baja.

Esta es una oportunidad de oro que el país le ha dado a los políticos, el poder absoluto atrofia, hace falta siempre el balance, el equilibrio, el cuestionamiento y esta Asamblea Nacional tiene que hacer el contrapeso natural que necesita, no el chavismo, sino el Estado en su totalidad, este Estado y cualquier otro, no podemos seguir cobrando y dándonos el vuelto. Ojalá entendamos que aun en las diferencias necesariamente tenemos que ponernos de acuerdo para evolucionar, siento que, como dice un amigo: cada vez falta menos…

No necesitamos héroes…


“We don’t need another hero” es una canción que cumple 30 años en el 2015, formó parte de la banda sonora de la película Mad Max, la original. Tengo lo que va de tarde con la canción en mi mente, no sé  por qué.
Lleno esta nota mientras hago la cola en el supermercado, están vendiendo jabón para lavar ropa y leche líquida, pero no puedo comprar ninguna de las dos cosas porque mi número de cédula termina en 8 y por eso me toca comprarlos los viernes. Leo una nota que dice que no hay bolsas para productos regulados. Una señora está armando un escándalo porque su hija necesita leche y no puede comprarla (imagino que el terminal de su cédula no es el que toca hoy).
En todas las colas que se hacen hay personas que se quejan y se quejan, esta vez me tocó un par de doñas que concluyen que en Venezuela necesitamos un héroe, alguien que venga y le ponga un “parao” a esta locura, sí, que mande a los rojos a la cárcel y ponga orden, pero alguien que no sea de la oposición porque ellos son malos también.
Yo por mi parte concluyo lo contrario: No necesitamos otro héroe (como la canción), no necesitamos que alguien venga a resolver por nosotros, no necesitamos un vengador, no necesitamos que nos indiquen el camino, que alguien venga… no, no es eso lo que necesitamos. Lo que necesitamos es desechar el lamento, necesitamos dejar de esperar y preguntarnos si somos parte del problema o de la solución, si somos víctimas o protagonistas, preguntarnos qué estamos aportando para evolucionar como sociedad. En la queja y el lamento no se construye, el futuro no se hace solo, los deseos no “empreñan”
Vuelve a preguntarte de verdad, desde lo que haces cada día, desde tu posición frente a un problema, en la calle, en tu edificio, en tu condominio, en tu trabajo:
¿soy parte del problema o de la solución?

Ávila Burger y su buen (?) Servicio


Hace unos días fui a comer en Avila Burger en Valencia, la segunda vez que voy en dos meses, esta vez los platos costaban el doble de lo que la primera vez, pero bueno, la inflación y eso (pensé). Decidimos comer afuera, al aire libre, porque si queríamos comer adentro con aire acondicionado había que esperar un poco más. Al sentarnos nos damos cuenta de que la mesa no estaba del todo limpia, alguna chica la limpió nos dio la bienvenida con el menú  y se fue, esperamos un buen rato y logramos que nos atendieran, luego de hacer malabares para que nos vieran se acerca un pana y nos toma la orden, pido la hamburguesa primerita, la de la promoción del día “sólo por hoy!!” que está en primera página, justo encima de la nota resaltada en amarillo que dice que no cobraban el 10%.
Las moscas hacen fiesta y al rato le digo al pana que si es posible cambiarnos para una de las mesas de adentro porque hay muchas moscas y me dice tranquilazo que no porque ya pedimos y la orden queda bloqueada en el sistema con la mesa y que no, que es imposible cambiarnos, le pedí que al menos encendiera los ventiladores y me dijo que sí, y lo hizo, pero en menos de un minuto alguien los apagó.
Ya la cosa me estaba comenzando a molestar, pero decidí respirar y seguir. Llegaron las hamburguesas, sin papitas fritas porque las cobran aparte, cuando doy el primer mordisco me doy cuenta de algo y llamo a un mesero, le digo: pana esta es la hamburguesa xxx, qué es lo que trae? – señor, esa trae carne de cerdo, rúcula, tomate, cebolla, pepinillos y lechuga. -Pues solo tiene la carne y un pedazo de lechuga (cansada), digo. El mesero se retira y luego regresa otro con cara de asustado, le cuento y se va también, al rato vuelve y me dice que lo perdone (con palmadita en el hombro y todo) pero que se acabaron el tomate, la cebolla, la rúcula y el pepinillo, que perdón. Me río un par de segundos y cuando el chamo comienza a retirarse le digo que entonces se lleve el plato, que no lo quiero, y que no pienso pagar 2 mil por un plato que no tiene ni la mitad de los ingredientes que lleva. El chamo ya pálido me dice que ok, pero que lo tengo que pagar porque ya lo mordí, le digo que no y se va de nuevo.
Luego de dos minutos, aparece el pana con un platico y los ingredientes que faltaban, me dice que se equivocaron en la cocina y le dieron mal la información, que lo que sí me iba a quedar debiendo era la rúcula porque nunca la trajeron.
Me hubiese encantado que alguien más se acercara a la mesa y nos ofreciera disculpas por el rollo y que nos dijera que la cuenta iba por la casa o al menos nos regalaran el postre o un café. Pero cada quién andaba en lo suyo y a nadie le importó…
No es mucho lo que uno pide, solmente que lo traten bien. Nos falta mucho…

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De un gobieno inocente y un pueblo chulo


Aunque ustedes no lo crean y por más loco que esto pueda parecer Venezuela es el único país en el mundo en el que el Gobierno no tienen la culpa de nada, nada, ni siquiera tomando en cuenta el hecho de que lleva ya 16 años montado, ninguno de los problemas que padece el país son responsabilidad del Gobierno, el pobre ha sido víctima desde que llegó de ataques sistemáticos que han intentado (en vano) de destruirlo. Por el contrario, si no fuera por el gobierno que tenemos, la cosa sí estaría fea.

Uno elije líderes políticos para que asuman responsabilidades y resuelvan problemas, lo demás es, y me disculpa la expresión, pura paja. Yo lo digo porque uno no puede escoger a un presidente para que se esté justificando de todo lo malo que ocurre o para que se la pase echándole culpa de todo a los demás, es bueno identificar las razones de los problemas, no los culpables, pero más importante es resolverlos, dedicarnos toda la vida a decir que yo no tengo la culpa de las cosas nos nos hace mejores, aquí el problema con los gobiernos no es tanto de quién sino quién es el responsable de resolverlos, y que los resuelva finalmente.

Los altos niveles de inseguridad no son culpa del gobierno, fíjate: básicamente la culpa de la inseguridad la tienen  los colombianos mandados por Uribe, nos han invadido puros ladrones, narcotraficantes, criminales, paramilitares y han entrado, dicho sea de paso, gracias a la permisividad de los 03 gobernadores (de 23 estados) de oposición, por ahí entra todo. Tenemos una Policía Nacional que lo que hace es matraquear a la gente, tenemos un sistema de justicia que no funciona, las cárceles están controladas por los pranes y desde allí se coordinan y negocian todos los secuestros, extorsiones, atracos, entre otros. Últimamente se ha desplegado en el país las Operaciones de Liberación del Pueblo, una suerte de cayapa contra los malandros y sus guaridas, en las zonas rojas del país, parece que hay que darle las gracias al gobierno por resolver los problemas (a los coñazos y plomo limpio) que ellos mismos han causados por la inoperancia, el desorden y la falta de responsabilidad, pero resulta ser que meten presos a 20 personas, y a la semana ya están fuera 18, y no por inocentes precisamente.

Por otro lado, los problemas de la economía son básicamente culpa del imperio y de sus ejecutores locales: la oligarquía. El hecho de que cuando llegó Chávez al poder el dólar estaba a 0,5 Bs. y ahora esté en 6,3 (o 12 o 200 o 700) no es culpa del gobierno, es culpa de los raspacupos y de una inmensa campaña mundial que ha emprendido el capitalismo para destruir nuestra economía, así, después de que las roscas en CADIVI se robaron 30 millardos de dólares (equivalente a las reservas del país, o 3 veces lo que le costó a Brasil organizar el mundial del 2014) el gobierno le niega a las empresas el acceso a las divisas para pagar las deudas que han asumido al valor de un dolar subsidiado, pero tampoco las deja subir los precios de los productos para poder adquirir los dólares a un precio de mercado (entre 500 y 700 Bs. por dólar), es decir, ni lava ni presta la batea.

La escasez no es una consecuencia de los problemas económicos y la ridícula distorsión cambiaria que el gobierno no quiere reconocer, no, ella realmente es culpa de Uribe y las mafias contrabandistas que se llevan nuestros productos para Colombia, nosotros los pendejos nos quedamos sin los productos de primera necesidad porque los bachaqueros (empleados de Uribe) se llevan todos los productos y después nos los quieren vender 10 veces más caros,y lo peor de todo es que los compramos (porque no todos tenemos oportunidad de hacer 3 y 4 horas de cola dos día a la semana para poder comprar dos productos con precio regulado). A pesar de que el gobierno es quién autoriza y ordena a dónde deberán ser distribuidos los productos alimenticios, con todo y eso la derecha es tan despiadada, que logra burlar todos los controles e igual nos jode. La escasez no es más que una mentira que circula por la calle, eso es un rumor y una campaña mediática que han orquestado los dos medios de comunicación relativamente independientes en Venezuela, y CNN, otra ficha del imperialismo, realmente la escasez y la inseguridad son simplemente “sensaciones” inducidas por la canalla mediática.

No voy a hablar de la inflación porque eso también es mentira, es tan poquita la inflación que desde diciembre del 2014 hasta la fecha (agosto 2015) el Banco Central de Venezuela no la ha publicado, ¿para qué? es casi cero. No tienen nada de malo que el gobierno tenga que aumentar el salario mínimo 4 veces en un año, hoy en día con un salario mínimo se puede comprar un pollo, dos kilos de carne, un cartón de huevos, dos kilos de caraotas y medio de cebolla, más que suficiente. La última vez que alguien pudo comprarse un televisor, fue en el Dakaso, desde entonces ya comprarse un televisor es como dice mi mama: un proyecto de vida.

A pesar de todo esto, resulta que el gobierno sigue ganando elecciones, esto también parce increíble, por una parte hay mucha desventaja, el gobierno cobra y se da el vuelto. Pero más allá de esto, este gobierno ha logrado convertir a Venezuela en un país de chulos, todas las personas que apoyan al gobierno lo hacen porque de alguna u otra manera el tienen de acceso a beneficios sin ningún tipo de sacrificios: negocios, becas, pensiones, comida, electrodomésticos, casas, a los empleados públicos (cada vez más) les regala carros, otorga créditos, neveras, lavadoras. Ha logrado desarrollar una dependencia económica tan grande estado que esa gente no quiere perder esos beneficios, no quiere tener que trabajar, esforzarse por lograr las cosas porque el gobierno les promete que si no votan por él, tendrían que esforzarse más por alcanzare estas metas, la gente prefiere cerrar los ojos y hacerse el loco y seguir recibiendo todo regalado. El problema viene cuando se acaba el dinero para los regalos.

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